miércoles, 30 de noviembre de 2016

Ritual matutino. Suena el despertador a las 6:30, apago el despertador pocos segundos después y casi sonámbula voy al baño. Cinco minutos después, me descubro preparando el desayuno a base de semillas, frutos secos y leche de almendra. Bebo agua con limón, tomo suplementos alimenticios varios y vuelvo al baño para el ritual de belleza: maquillaje, peinado, perfume (me empiezo a sentir Bill Murray en el día de la marmota). Vuelvo a la cocina; desayuno mientras leo la prensa en el móvil. ¡Diablos! he vuelto a olvidar preparar la ropa. Cojo la linterna me la pongo en la boca para no tener que encender la luz del dormitorio, pues mi esposo aún duerme. ¡Espera, no he mirado el tiempo! Nuboso con lluvia escasa, 19 grados de máxima; ¿lloverá? En Almería nunca aciertan. No obstante, elijo pantalón oscuro y botín, por si las moscas. Me pondré capas de ropa. Pendientes, colgante y fular. Me voy corriendo a coger el autobús.

En fin, cinco días a la semana, de lunes a viernes, el mismo ritual, los mismos pasos, el mismo desayuno, los mismos olvidos. 

Y a vosotros, ¿os resulta igual de automático y cansino?